Caso de estudio ·
El calor extremo como riesgo climático sistémico: Lecciones de la ola de calor de junio de 2026 en Europa
El calor extremo se está convirtiendo en un riesgo climático sistémico en Europa, con efectos sobre la mortalidad, los sistemas energéticos, la agricultura, el transporte y la productividad laboral. Sus impactos no dependen solo de la temperatura, sino también de la humedad, de las condiciones locales y de la vulnerabilidad de la población y los activos expuestos.
Resultados clave
- El calor se está convirtiendo en un riesgo climático cada vez más frecuente, intenso y extendido en toda Europa.
- Los impactos sobre la salud dependen tanto de la exposición y la vulnerabilidad como de la temperatura, lo que convierte el calor en un riesgo marcadamente desigual.
- La energía, la agricultura, el transporte y el trabajo pueden verse afectados al mismo tiempo, lo que genera pérdidas económicas correlacionadas.
Europa bajo estrés térmico
A diferencia de las inundaciones, las tormentas o los incendios forestales, las olas de calor rara vez dejan daños visibles en los edificios. Sus efectos se manifiestan, en cambio, en forma de mortalidad y enfermedad, menor productividad laboral, sistemas eléctricos sometidos a tensión, menores rendimientos agrícolas, peor calidad del aire y mayor demanda energética.
Por eso es fácil infravalorar el calor en las evaluaciones centradas en los costes de reparación. Sin embargo, desde la perspectiva de la sociedad y de la gestión de riesgos, es una de las amenazas climáticas más extendidas en Europa, ya que se estima que las olas de calor causan cada año en Europa más muertes que todas las demás amenazas relacionadas con el clima juntas.
La ola de calor de junio de 2026 ilustró la magnitud de este riesgo. Un estudio rápido de World Weather Attribution señaló que casi la mitad de las 854 mayores ciudades de Europa sufrieron un estrés térmico récord durante el episodio.
El estudio utilizó la temperatura de globo y bulbo húmedo (WBGT), que combina temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del viento para representar el estrés fisiológico de forma más completa que la temperatura del aire por sí sola. Concluyó que el cambio climático aumentó tanto la probabilidad como la intensidad del episodio.
Se estima que las temperaturas diurnas fueron unos 3,5 °C superiores a las de un episodio equivalente en 1976, mientras que las noches fueron unos 2,4 °C más cálidas. Incluso en comparación con la excepcional ola de calor europea de 2003, las temperaturas diurnas fueron unos 2 °C más altas, y las noches siguieron siendo aproximadamente 1,3 °C más cálidas. Las noches persistentemente cálidas limitan la recuperación tras el calor diurno y aumentan el riesgo de enfermedad y muerte relacionadas con el calor.
El mapa siguiente muestra la extensión espacial del episodio a través de las anomalías de temperatura en Europa, que alcanzaron niveles sin precedentes.

El Reino Unido registró 38,7 °C en Somerset, su temperatura más alta en un mes de junio, mientras que París alcanzó 40,3 °C y registró una mínima nocturna de 27 °C. Alemania registró una noche récord de 29,4 °C en Kubschütz, y Viena superó los 40 °C por primera vez en su registro instrumental.
En conjunto, no fueron extremos locales aislados, sino la prueba de un episodio de escala continental que afectó a millones de personas y las expuso a unas condiciones térmicas excepcionalmente severas.
Calor, salud y vulnerabilidad
Las olas de calor actúan a través de varios canales conectados entre sí, de los cuales la mortalidad es el más significativo y el mejor documentado. Aun así, el resultado depende de quién está expuesto y en qué condiciones.
A medida que suben las temperaturas, el cuerpo pierde capacidad para regular su temperatura interna. Entre los riesgos figuran la deshidratación, el agotamiento por calor, el golpe de calor y los problemas cardiovasculares y respiratorios. La exposición prolongada también puede agravar enfermedades cardiovasculares, renales y respiratorias preexistentes.
En su primera estimación consolidada, publicada el 22 de julio de 2026, Santé publique France notificó 5.764 muertes en exceso entre el 17 de junio y el 2 de julio, un 36 % por encima del nivel esperado. Las personas de 75 años o más representaron dos tercios del exceso. En España, el sistema de monitorización de la mortalidad del Instituto de Salud Carlos III atribuyó a las altas temperaturas más de 1.000 muertes durante el mes de junio.
El informe de ISGlobal Calor extremo, salud en riesgo identifica el estrés térmico como el principal riesgo para la salud relacionado con el clima en España. Prevé olas de calor y noches tropicales más frecuentes, que limitan la recuperación tras la exposición diurna y se asocian a una mayor mortalidad durante los episodios prolongados.
La vulnerabilidad al calor tiene también una fuerte dimensión social. Los ingresos, la calidad de la vivienda, el acceso a zonas verdes y el entorno urbano influyen en el riesgo de enfermedad o muerte. Las personas mayores, las mujeres que viven solas y los residentes de barrios socialmente vulnerables afrontan riesgos especialmente elevados.
El calor también puede interactuar con la contaminación atmosférica. Las altas temperaturas y la radiación solar aceleran la formación de ozono troposférico, que perjudica la salud respiratoria y cardiovascular. Por tanto, el estrés térmico y el deterioro de la calidad del aire pueden reforzarse mutuamente en las zonas densamente pobladas.
La vista de la plataforma de Alpha-Klima que aparece a continuación amplía esta perspectiva a condiciones futuras: muestra los días proyectados por encima del umbral WBGT seleccionado bajo SSP2-4.5 en 2060.

Cómo se propaga el calor por la economía
El calor genera además pérdidas económicas difusas a través de una menor productividad, restricciones en las infraestructuras, escasez de recursos e interrupciones en la cadena de suministro. Como varios sectores pueden verse afectados a la vez, las entidades financieras necesitan evaluar los canales de transmisión de forma conjunta y no como daños aislados a activos.
Sistemas energéticos bajo presión
El calor extremo somete a los sistemas eléctricos a una doble presión. La refrigeración eleva la demanda de electricidad al mismo tiempo que las altas temperaturas del aire y del agua pueden reducir la capacidad de generación.
Durante la ola de calor de junio de 2026, los precios mayoristas de la electricidad subieron en varios mercados europeos a medida que aumentaba la demanda de refrigeración y parte del parque de generación se volvía menos fiable.
En el norte de Suiza, la central nuclear de Beznau paró sus dos reactores después de que el río Aar superara los umbrales ambientales de refrigeración. Francia redujo la producción de varios reactores, mientras que las autoridades de Hungría advirtieron de que el agua cálida del Danubio podría limitar el funcionamiento de la central de Paks.
Por tanto, el calor puede ampliar la brecha entre la oferta y la demanda de electricidad cuando el sistema ya está bajo presión. Entre sus efectos pueden figurar la volatilidad de los precios, las restricciones de suministro y la interrupción de la actividad en las industrias intensivas en energía.
Agricultura
La agricultura es muy sensible al calor prolongado. Las altas temperaturas afectan al desarrollo de los cultivos, aceleran la evapotranspiración, reducen la humedad del suelo y aumentan la demanda de riego. Los efectos son especialmente graves durante la floración o el llenado del grano.
El calor también intensifica la sequía, las condiciones propicias para los incendios forestales y los caudales fluviales bajos, lo que aumenta la presión sobre el riego y el agua dulce. En Italia, el caudal excepcionalmente bajo del río Po permitió que el agua de mar penetrara hasta 18 kilómetros tierra adentro, lo que amenazó la agricultura y los humedales protegidos del delta.
En conjunto, estos mecanismos pueden provocar pérdidas agrícolas, volatilidad en los precios de los alimentos y presión sobre los recursos hídricos; y, a medida que el cambio climático aumenta tanto la frecuencia como la duración de las olas de calor, se espera que estos procesos cobren cada vez más importancia.
Transporte y cadenas de suministro
La reducción de los caudales fluviales puede alterar la navegación interior y trasladar las pérdidas relacionadas con el calor a la producción industrial y a las cadenas de suministro.
Los estudios sobre los niveles bajos de agua del Rin muestran cómo la alteración del transporte fluvial se propaga a las industrias manufactureras que dependen de esta vía navegable para obtener combustibles, productos químicos y materias primas: Vinke et al. (2022) trazan los efectos en cascada de un caudal bajo sostenido a través de las cadenas de suministro por vía fluvial, y Jonkeren et al. (2007) miden el canal de los precios del flete. Ademmer, Jannsen y Meuchelböck (2020), del Instituto de Kiel para la Economía Mundial, estiman que un mes de niveles excepcionalmente bajos del Rin puede reducir la producción industrial alemana en torno a un 1 %.
El transporte terrestre también está expuesto. Durante el episodio de junio de 2026, los operadores ferroviarios redujeron servicios en partes de Renania del Norte-Westfalia, mientras que los daños en las juntas de dilatación de las vías interrumpieron el servicio de tranvía en Leipzig.
Productividad laboral
El calor reduce la productividad laboral a través del estrés fisiológico, la fatiga y la deshidratación. El resultado puede ser un trabajo más lento, pausas más frecuentes o, en condiciones severas, la suspensión de la actividad al aire libre.
García-León et al. (2021), a partir del estudio de las olas de calor europeas de 2003, 2010, 2015 y 2018, estimaron que la menor productividad laboral redujo la producción anual en torno al 0,3–0,5 % del PIB en Europa, con pérdidas superiores al 1 % en las regiones más expuestas. Un calor más frecuente y persistente puede convertir esas pérdidas episódicas en un lastre estructural.
Implicaciones para la evaluación de riesgos
El calor no es solo una emergencia de salud pública ni una cuestión de daños directos. Puede afectar a las personas, el suministro eléctrico, el agua, el transporte y la producción en un mismo periodo, lo que genera pérdidas correlacionadas en toda una cartera.
Por tanto, una evaluación útil necesita algo más que la temperatura máxima. Debe combinar medidas de estrés térmico con la vulnerabilidad de las personas y los activos, identificar las dependencias indirectas y mantener separados los canales de salud, costes operativos, interrupción y productividad antes de agregarlos.
Fuentes de datos
- Reanálisis ERA5, Copernicus Climate Change Service (C3S/ECMWF) – anomalías de temperatura de la figura anterior.
- NASA Earth Exchange Global Daily Downscaled Projections (NEX-GDDP-CMIP6) – la proyección de la temperatura de globo y bulbo húmedo.
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